Ha sido nuestra primera experiencia en una cena kilómetro cero. La miel ecológica fue incluida en uno de los platos, y tuvimos el honor de contar a los asistentes el cariño que ponen los apicultores en su trabajo y el esfuerzo realizado por las abejas.
Durante la cena, cada plato es presentado conjuntamente por el cocinero y las personas que lo han hecho posible.
Huevos ecológicos, habitas, hierbas silvestres, carne de potro, lechazo, queso fresco de oveja fueron introducidos con mucha elegancia.
Todo un lujo, asociar alimentos con los rostros de sus productores.
También es importante encontrar un cocinero que trabaje habitualmente estas viandas, y que sepa cómo resaltar y mimar sus propiedades, diferentes a las provenientes de la industria que todo lo homogeiniza.
Como todo lo anterior se cumplía, se puso día y hora, y se dio publicidad al evento, porque uno de los objetivos es dar a conocer esta iniciativa a la sociedad. No se trata de círculos cerrados, más bien se persigue lo contrario.
Detrás de estas iniciativas están las agrupaciones locales del movimiento slow food, personas preocupadas por lo que se come, quién lo produce y cómo, y cuántos kilómetros viaja ese producto hasta llegar a la mesa.
¿Qué es el movimiento slow food?
El movimiento slow food lo componen sociedades gastronómicas y propone redescubrir la riqueza y los aromas de la cocina con productos locales, pero teniendo en cuenta el equilibrio con el ecosistema, la defensa de la biodiversidad agroalimentaria y el compromiso ético con los productores.
Y también nos atrae el interés que muestran por proteger las diferencias culturales territoriales y regionales, al estar íntimamente ligadas a la herencia alimentaria, histórica y cultural.





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