Oscura miel antioxidante. El resultado de un estudio confirma que la miel de mielada dobla al resto de variedades en cuanto a propiedades antioxidantes.

Encina de Bogajo en flor
La imagen de unas abejas recolectando polen de las flores en primavera no se asocia a otro tipo de miel que éstas extraen de secreciones de las yemas y la corteza de los árboles.
Investigaciones españolas confirman que esta miel, que es especialmente dulce, supera de largo a todas las otras en cuanto a propiedades antioxidantes.
Autor: Por JORDI MONTANER
Fecha de publicación: 6 de agosto de 2007
Fecha de publicación: 6 de agosto de 2007
Conocida como miel de mielada, mielato, miel de rocío, miel salvaje o de bosque, ésta marca una diferencia notable con las florales.
Para su elaboración las abejas se sirven, en lugar del polen recolectado, de algo tan curioso como las secreciones de savia que normalmente se dan en pinos, abetos, encinas, alcornoques y algunos arbustos.
Suele ser de color muy oscuro, se solidifica con dificultad y a menudo desprende un olor especiado, resinoso.
La variedad que procede de pinares se distingue por un peculiar sabor a pino, y es muy apreciada por su uso medicinal en la Europa oriental y en Turquía.
Rosa Ana Pérez, Lucía Vela y Cristina de Lorenzo, del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA), han publicado en la revista Journal of the Science of Food and Agriculture, un estudio encaminado a determinar qué tipo de miel posee más propiedades antioxidantes. Los resultados descubren que, en este aspecto, la miel de mielada dobla a todas las demás.
¿Por qué las mieles de mielato tienen más antioxidantes?
En ese sentido, diversos estudios han sugerido que los compuestos polifenólicos son en gran parte los responsables de esa actividad.
Esta cierta relación entre la composición polifenólica y la capacidad antioxidante también la hemos encontrado en varios estudios, aunque queda claro que los compuestos polifenólicos no son los únicos responsables de esta actividad.
Con objeto de tener mayor información sobre los compuestos implicados en la capacidad antioxidante de la miel, se estudia la relación entre la composición de aminoácidos de la miel y su actividad antioxidante (J. Agric. Food Chem., 2007).
En este estudio se concluyó que también la composición de aminoácidos es indicadora de la capacidad de captura de radicales libres de la miel.
Por tanto, los responsables de dicha actividad son los componentes minoritarios de la miel, entre los que al menos se encuentran compuestos polifenólicos, aminoácidos y minerales.
Un néctar saludable
Respecto a la miel, lo último en anunciarse son sus propiedades prebióticas y un estudio de la Universidad de Purdue (West Lafayette, Indiana), que asegura que la combinación de miel con suplementos cálcicos aumenta la reabsorción mineral de los huesos y garantiza su metabolismo.
Pero el trabajo del IMIDRA con miel de mielada introduce una variante importante en los beneficios que se suponen al dulce néctar.
El origen de la miel o la forma en la que las abejas la hayan elaborado puede tener mucho que ver con sus propiedades.
Pérez y el grupo de investigación estudiaron, en realidad, 36 mieles distintas, compararon sus efectos y hallaron que sólo una despuntaba de todas las demás en cuanto a propiedades antioxidantes.
La capacidad de las distintas mieles para eliminar radicales libres del torrente sanguíneo se fijó en una media del 28,7%, pero sólo la miel de mielada exhibió un 66,8%.
Los componentes de naturaleza antioxidante identificados en la miel son los fenoles, el ácido ascórbico, la glucosa-oxidasa, la catalasa y la peroxidasa.
Entre todos estos componentes, la parte dura del trabajo parece recaer principalmente en los fenoles.
La miel proporciona un mejor funcionamiento de riñones e intestinos, favorece la actividad del cerebro e inhibe ciertas bacterias.
Se trata de un producto fácilmente digerible, ya que las moléculas de azúcar de la miel se transforman con facilidad en otros azúcares.
Su consumo regular ayuda a un mejor funcionamiento de riñones e intestinos.
Se difunde rápidamente a través de la sangre, constituyendo una fuente de energía de efecto inmediato (con agua tibia tarda sólo siete minutos).
Sus monosacáridos favorecen la actividad del cerebro, el órgano que más azúcar consume. La miel ejerce un efecto inhibitorio contra las bacterias.
Su elevado contenido en azúcares imita la cantidad de agua que los microorganismos necesitan para crecer. También su bajo pH y su peculiar composición química privan a las bacterias del nitrógeno necesario para su reproducción.
Por si fuera poco, la miel es rica en minerales como magnesio, potasio, calcio, sodio, cloro, azufre, hierro y fosfatos. Contiene vitaminas B1, B2, C, B6, B5 y B3, variando en cantidades según las cualidades del néctar y el polen del cual proviene.
Ejerce también una acción antiinflamatoria que reduce la hinchazón en torno a las heridas.
Miel No del todo inocua
La apicultura llegó a nuestro país probablemente por medio de la cultura musulmana.
Sus escrituras rezan: «tu Señor ha inspirado a la abeja.
Construye su morada en las montañas, en los árboles y también en las estructuras que erige el hombre. Luego, se nutre de todo tipo de frutos y deambula dócilmente por los caminos de tu Señor.
De su vientre, además, sale un jarabe de color diverso que contiene una cura para los hombres. Ciertamente hay en ello un signo para la gente que reflexiona […]» (Corán: 16:68-69).
Del uso de la miel, sin embargo, se derivan registros históricos todavía más antiguos. Los traslados de cuerpos humanos en la antigüedad se hacían sumergidos en miel. Alejandro Magno, una vez muerto, fue trasladado desde Babilonia hasta Alejandría en el 323 a.C. cubierto de miel con el fin de evitar la descomposición. Los egipcios la empleaban en sus momificaciones.
Pero la miel no sólo recibe elogios. Los rododendros y azaleas (arbustos pequeños de entre dos y cinco metros de altura) producen un néctar altamente venenoso para los humanos, aunque inofensivo para las abejas que, de este modo, elaboran una miel mortífera.
En algunas regiones del mundo las colmenas se vacían inmediatamente después de la temporada floración de estas especies vegetales, eliminando cualquier residuo para evitar envenenamientos accidentales.
Existen historias del uso de miel venenosa como arma de guerra en la antigüedad, pero la temida miel venenosa es muy difícil de encontrar en circunstancias naturales.
La propia forma que presentan las azaleas dificulta a las abejas el acceso al néctar de la flor y, en la época en la que florecen, abundan otras flores mucho más fáciles y atractivas para las abejas. Al margen de esta consideración, incluso la miel más sana puede resultar tóxica para los bebés.
Esto se debe a que, al mezclarse con los jugos digestivos poco alcalinos de los recién nacidos, favorece el crecimiento de esporas de la bacteria Clostridium botulinum, famosas por su toxicidad. Las esporas que causan el botulismo son de las pocas de origen bacteriano capaces de sobrevivir en la miel.
Aunque la acidez estomacal de los adultos contrarreste su proliferación e impida que segreguen toxinas, el sistema digestivo de los niños más pequeños no se halla lo suficientemente desarrollado para hacerles frente, y por esta razón los pediatras aconsejan no alimentar con miel ni ningún otro edulcorante a niños menores de 12 meses.
Sí, ya los íberos tenían colmenas, se han encontrado numerosos restos de colmenas hechas en barro en los yacimientos íberos de la Península.