El polen de abeja, esas bolitas de colores que las abejas recogen en las flores, tiene una composición bastante compleja.

Abeja con grano de polen rojo
Contenido en grasa del polen de abeja
El contenido en grasa de los pólenes apícolas tiene un valor promedio del 6% en peso, existiendo una gran variedad y complejidad en los ácidos grasos que lo forman.
El ácido palmítico es el ácido graso mayoritario, alrededor del 27% del total de ácidos, seguido por el ácido nonadecílico (25%), ambos ácidos saturados.
Entre los ácidos insaturados están el oleico (5,7%) que es monoinsaturado y el ácido linoleico (1,1%), que es poliinsaturado, uno de los tres ácidos grasos esenciales junto con el ácido linolénico y el ácido araquidónico.
Estos porcentajes pueden variar dependiendo de la flora entorno al colmenar.
El polen de abeja en el consumo diario
Si una persona necesita del orden de 2000 kilocalorías diarias, y de éstas el 25% deben proceder de la grasa (500 kilocalorías), nos valdrá con 55 gramos de grasa diarias.
Las grasas, además de una estupenda fuente de energía (1 gramo de grasa nos proporciona 9 kilocalorías), son necesarias para el transporte de vitaminas que no son solubles en agua, también son un elemento estructural imprescindible de nuestras membranas celulares y ayudan a “mejorar los aromas de los alimentos y suavizar su tacto en boca.
De los 55 gramos de aporte diario, se recomienda que cerca de 30 gramos provengan de aceites monoinsaturados, 15 gramos de grasas de pescado omega 3 y el resto de ácidos grasos poliinsaturados omega 6 y ácidos grasos saturados.
Es decir, preferir los ácidos grasos monoinsaturados y luego los poliinsaturados cis. Minimizar los saturados y evitar las variedades trans de los poliinsaturados.
Lo anterior sirve para comprobar, que no sólo por la proteína del polen o por la fibra, también por sus grasas el polen de abeja es un producto apícola muy interesante.


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